EDAD MEDIA 1: SIGLOS V AL VIII



  • INVASIONES GERMÁNICAS
"Los bárbaros que habían penetrado en las Hispanias las someten a pillajes y se entregan a matanzas sin piedad. La peste, por su lado no provoca menos calamidades. (....) Así llega el hambre pavorosa: los humanos se devoran entre sí movidos por el deseo de comer y hasta las madres se alimentan con los cuerpos de sus hijos tras matarlos y cocinarlos. Las bestias feroces, acostumbradas a los cadáveres de personas muertas por la espada, el hambre o la peste matan a los hombres más fuertes y, saciadas con su carne, se difunden por doquier para aniquilar al género humano. Es así como, a través de las cuatro plagas del hierro, el hambre, la peste y las alimañas, se realiza lo que había sido anunciado por el Señor mediante sus profetas."
(Hidacio, obispo galaico. Primera mitad del s: V)









  • BIZANCIO



Iglesia de Santa Sofía

Música bizantina:





  • IMPERIO CAROLINGIO


El miedo al año 1000

Dies Irae (música gregoriana)


Día de la ira, aquel día en que los siglos se reduzcan a cenizas;como testigos el rey David y la Sibila.¡Cuánto terror habrá en el futuro cuando el juez haya de venira juzgar todo estrictamente!La trompeta, esparciendo un sonido admirable por los sepulcros de todos los reinos reunirá a todos ante el trono.La muerte y la Naturaleza se asombrarán,cuando resucite la criatura para que responda ante su juez.Aparecerá el libro escrito en que se contiene todo y con el que se juzgará al mundo.Así, cuando el juez se siente lo escondido se mostrará y no habrá nada sin castigo.¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?¿A qué protector rogaré cuando ni los justos estén seguros?Rey de tremenda majestad tú que, salvas gratuitamente a los que hay que salvar,sálvame, fuente de piedad.Acuérdate, piadoso Jesús de que soy la causa de tu calvario;no me pierdas en este día.Buscándome, te sentaste agotado me redimiste sufriendo en la cruz no sean vanos tantos trabajos.Justo juez de venganza concédeme el regalo del perdón antes del día del juicio.Grito, como un reo;la culpa enrojece mi rostro.Perdona, señor, a este suplicante.Tú, que absolviste a Magdalena y escuchaste la súplica del ladrón,me diste a mí también esperanza.Mis plegarias no son dignas,pero tú, al ser bueno, actúa con bondad para que no arda en el fuego eterno.Colócame entre tu rebaño y sepárame de los machos cabríos situándome a tu derecha.Tras confundir a los malditos arrojados a las llamas voraces hazme llamar entre los benditos.Te lo ruego, suplicante y de rodillas,el corazón acongojado, casi hecho cenizas:hazte cargo de mi destino.Día de lágrimas será aquel renombradoen que resucitará, del polvo para el juicio, el hombre culpable.A ese, pues, perdónalo, oh Dios.Señor de piedad, Jesús,concédeles el descanso. Amén.